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viernes, 28 de octubre de 2016

Viernes de vídeo


Poco le puedo decir de este vídeo, que el propio vídeo no le pueda decir en los poco más de 3 minutos que dura. La canción se llama "Dream" y no me diga luego que la misantropía no está justificada.

Sonría, es viernes :)

miércoles, 13 de julio de 2016

Podcast 19. De telefonías, asesores y un pueblo que no quiere ver más allá

No quería mucho hablar de este tema, pero me parece que no deja de ser preocupante... por varias razones. Pase, escuche y juzgue. No hay nada más interesante que las opiniones diferentes, siempre que sean bien pensadas :)

sábado, 9 de julio de 2016

Podcast 18. Una imagen de facebook que preocupa. Parte 2

En este podacst, terminamos el análisis de la imagen que les leía el mes pasado:





miércoles, 4 de mayo de 2016

Violencia, esa adictiva droga

Levantó la cara con un temor anodino. Sabía lo que iba a encontrar y no quería enfrentarse con la cruda realidad. El espejo no podía mentirle, su maldita imagen, aunque reflejara una cara de dolor, sabía que detrás de todo aquello, se estaba burlando de ella. Sin atreverse a mirarse aún, pasó su mano por la cara. No pretendía ser una caricia, no era un símbolo de aliento. Era más bien una declaración de derrota.

En fin, había que enfrentar la realidad, aquel ojo morado no podía simplemente cubrirse con el maquillaje de las mentiras. Él, de nuevo, le había pegado, fuerte, con saña. No hubo motivo. No uno real. Solo fue el alcohol, los celos por un amante inexistente y la total imposibilidad de lograr una erección duradera y que valiese la pena.
  • La culpa es tuya - le gritaba con la voz pastosa - por puta, por puta.
Como no podía ser de otra manera, la mente comenzó a jugarle todo el repertorio de sucios trucos que siempre tiene debajo del mantel. Comenzó a recordarle las veces en que había peleado con su madre por salir en defensa de aquel salvaje, todas las veces en que recibió burlas por haber dicho en voz alta que ella lo iba a hacer cambiar, que todo el amor que sentía por él iba a hacer que fuese distinto.
Se tocaba el morete con cuidado, y trataba de halar la piel debajo del ojo, tal vez como una prueba de que sentía dolor y sobre todo que merecía aquel dolor.

Hacía años que no visitaba a su madre, aquella que le había dicho que no quería que acabase como ella, abandonada y con más cicatrices en la memoria que en el cuerpo. Tal vez por vergüenza, tal vez por un orgullo que cada vez se sentía más mancillado. Ella sabía que si llegaba con su madre, lo primero que ella haría sería reprenderla. Otro tirón a la piel debajo del párpado. "Esto te pasa por pendeja" se decía y halaba, "solo por pendeja".

Y claro, su mente volvió a lucirse con la eterna trampa y los momentos en que fueron felices, los lugares en que caminaron de la mano, las pocas veces al cine, los contados orgasmos, los avergonzados "te quieros" dichos con prisa, pero dichos al fin de cuentas, su sonrisa, ay su sonrisa que la conquistaba. Y de nuevo la calidez, la sonrisa, la mentira obligada: "él me quiere", la excusa infaltable "por andar tomado, todo pasó por andar tomado", la culpa asumida "de todos modos, me pasa por andarme abriendo de piernas cuando ya sé que no se le para cuando anda bebido".

Había dejado de tocarse debajo del párpado, había dejado de pensar en su madre y había dejado de pensar en los golpes. Al fin y al cabo, ella era una mujer enamorada, ella tenía que ser una mujer enamorada, ella quería ser una mujer enamorada y estaría con su hombre, porque al fin y al cabo, un poquito de dolor no iba a hacer que renunciase a su vida. Eso y el temor de que una vez que se fuese, él llegara a buscarla en donde seguramente la iba a encontrar, ahora no solo para pegarle sino también para matarla.

Ah, el amor, siempre trabajando por caminos insondables.

lunes, 2 de mayo de 2016

Trozos y fragmentos

Ver al pasado de las letras puede ser peligroso. Ver lo que se ha escrito hace años puede resultar en una autolobotomía. Verte en una fotografía es algo para lo que tu cerebro suele estar preparado. Pero ver la forma en las que escribías o pensabas hace algunos años,… aquello puede ser realmente una revelación.

Leo religión, política, pornografía, misantropía, desamor, dolorosos recuerdos, un alma por la que nadie daría un centavo, moretones en el corazón, balas en el cuerpo, Sabina, El Blues de la Soledad, mi padre que debería ser eterno, mis rencores, mis temores, los sonidos irreverentes y molestos de las hipocresías cometidas hace muchos años, la melancolía, el dolor, el dolor, el dolor…

Los temores han cambiado su geografía, los odios jamás encontraron en mi una tierra de cultivo, las derrotas que alguna vez sufrieron los demás y me dolieron en un sinfín de pequeños estallidos de luz, las caras a las que se les va perdiendo el detalle gracias al borrador de la distancia, la poética belleza de lo miserable que pueden ser las vidas, cuando se ven a través del espejo de la monotonía. Los calendarios se han ido volviendo cada vez más crueles, los reflejos del espejo mucho menos benévolos, el odio por lo humano mucho más agudo.

La pregunta implícita es, claro está, ¿cuánto puede realmente cambiar un ser humano durante su vida? Y cuando uno lee lo que alguna vez escribió, puede llegar a darse cuenta de la peligrosa y amarga realidad: Los cambios suelen ser, en realidad, las contidianeidades que han ido adquiriendo bordes más filosos y como tales, suelen ser hirientes.

En la televisión, los que ayer prometieron cambiar algo, envenenan el aire con sus ofensas en contra de los que sí lo lograron, mientras que los otros, prometen hacerlo mejor, si es que llegan y obtienen lo que aquellos. La gente sigue siendo tan títere de lo popular como en aquellos años, y lo que en aquellos momentos causaba angustia era el que iba a ser eliminado de algún concurso de baile local. Ahora, en cambio, la angustia la causan los nominados por un programa en donde no se baila, se canta. Y el mundo da otra vuelta y la tristeza se hace más grande, mientras el odio del humano, contra sí mismo se acentúa o al menos así parece, gracias a los bordes afilados.

El hambre de conocimiento sigue, ahora con mayor acuciosidad, porque también la consciencia del tiempo se hace más obvia.

Y las cosas cambian, solo y solo, son la misma cosa según la que dicta las leyes de la buena escritura, con que "solo voy al cine" no es ahora más que una frase que puede ser un simple "apenas" sino también un doloroso "hasta cuándo" Y lo peor, ahora ya no importa o al menos importa cada vez menos, que con la llegada de unas redes que insisten en llamarse sociales, la ignorancia se ha vuelto un maldito "trending topic"

Estoy, como no puede ser de otra forma, más viejo, más ignorante, menos tolerante y, tal vez, un poco menos derrotado.

Y como no puede ser de una forma distinta, igualmente, no puedo más que decir, a esto y a todo… CONTINUARÁ

viernes, 29 de abril de 2016

Aquellos fantasmas, que nunca se van

Una muy querida amiga, me dijo hoy que a veces tengo mis momentos de depresión. Y lo cierto es que muy de vez en cuando, los fantasmas me ganan la batalla. Y luego recordé que alguna vez, hace ya mucho tiempo, publiqué esto:



Es 1994, voy en un carro, son casi las 11:00 de la noche, traigo una herida de bala en un costado, el automóvil que me lleva al hospital va olvidándose cada vez más de la prudencia y mi adusto corazón sólo puede pensar que ese día, en la mañana, aquella mujer me había dicho ya no más, el dolor no quiere ceder, pero mi cerebro repite una, otra y otra y otra vez, la canción que me ha acompañado siempre, en todo momento, en cualquier circunstancia.



La voz de Miguel Ríos y las letras de Joaquín Sabina no podían crear otra cosa que un monstruo de canción. Tanto así, como para pensar en ella en los momentos menos apropiados. Sólo espero que a más de alguno de los que lee esta locura, también le cause los mismos calosfríos que me produce esta canción. Dulces sueños.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Pensamientos escuchados

De repente parece que las cosas no son precisamente tan fáciles como lo pintan en las telenovelas que se pasan de a dos por tres en cualquier canal de estos de la televisión.

Mirando en retrospectiva, una relación... cualquier relación de tipo amoroso/sentimental, no es más que la suma de debilidades, la multiplicación de las miserias humanas individuales y la triste división de caracteres, los propios, que van ocurriendo con el pretexto sordo de "llevar la fiesta en paz"

La vida suele ser por demás experta en darse a la tarea de recordarnos que, como especie, estamos hechos mucho más para la soledad melancólica que para la compañía combativa que viene a significar la vida en pareja, la mayoría de las veces. Luego de pasado un tiempo, se llega al estado plácido en que la cuestión sexual es, en verdad un gozo y no una imposición socio-cronológica que debe llevarse a cabo porque de lo contrario se es un paria. Pero el problema es que, fuera de la necesidad de penetración o de ser penetrado, la vida en compañía se encuentra plagada de trampas que no hacen más que proporcionar, con el tiempo, una especie de placer masoquista que siempre viene acompañado por la vana recompensa, por el placebo de estar haciendo las cosas bien, aunque en realidad, la vida se vaya sublimando impercetible.

Un recuerdo, un orgasmo profundo, alguna calle solitaria que guarda el olor de su saliva,... todo va pasando a la estantería de los recuerdos, ya no del presente vibrante, ya no de la felicidad momentánea y siempre efímera.

"Por favor, dibújame un cordero", es lo que todos creemos escuchar cuando las relaciones comienzan, pero siempre es doloroso y repetitivo el dejarnos morder por la serpiente que es capaz de enviarnos de regreso a nuestro solitario asteroide.

Todos los polvosos rincones de la memoria se van tornando grises conforme pasan los años, se van acumulando con fruición, como si en realidad dichos recuerdos fuesen capaces de regresarnos los bríos del presente que se van perdiendo conforme pasan las hojas del calendario.

Y mientras pasan las noticias, cada vez más llenas de sangre, nuestro bolsillo se va llenando de las miserables monedas de la condescendencia, esa mala consejera que suele prevenirte del cambio, esa que te dice que, pese a todo, todo está bien y que el vaso está medio lleno. Falso. Hay que llevarse el vaso sin importar el contenido o su cantidad.

Nos vamos conformando con las limosnas de nuestra propia conformidad y mientras más pasan los años, mayores son los engaños, mas las limosnas siguen siendo exactamente las mismas. Cambian los tiempos, no las consignas. ¿Llegará el momento en el que despertemos del letargo y dejemos de engañarnos?

Así pues, de momento, a los monos se les atrapa dándoles algo más grande que el agujero a través del cual han sacado su mano, ya que no quieren soltarlo, no se animan, no se atreven a perder lo que mezquinamente han ganado, y lo cierto es que, a estas alturas, abrir la mano resulta realmente difícil.

sábado, 29 de agosto de 2015

Podcast 14: Los militares al poder?!

En este podcast lo invito a reflexionar sobre la tan socorrida petición de una enorme parte de la población (muchos de forma implícita) para que los militares tengan más poder.

Sea bienvenido!


sábado, 29 de noviembre de 2014

Podcast 9: Hola viejita. Parte 2

Segunda carta de 3, que conforman este cuento de Hola Viejita:


Además, se supone que ya se va a poder bajar el audio de este podcast, en caso de que así lo desee hacer.

martes, 4 de noviembre de 2014

Mañana como siempre... - Cuento

Y vuelvo a este lugar, en donde lo único que cuenta es la justificación.

Veo a uno y otro lado y me siento perdido, ausente de mí mismo, veo mis manos correr por el teclado sin saber exactamente lo que están escribiendo. Estoy solo, me siento solo y comienzo a temer que sea un viaje sin retorno. Años hace que no tenía esta sensación y me doy cuenta que a pesar de no sentirme nada bien, debo estar aquí. Aparentando que estoy bien, que soy fuerte, que no pasa nada.

Cierro los ojos e intento recordar lo que se sentía ser distinto… y no lo consigo. Nada me sabe como antes. Si bien no soy de los que vive anhelando un pasado mejor, lo cierto es que tampoco el presente y mucho menos el futuro me suenan prometedores. Intento recordar mi felicidad y no logro recordar lo que sentía. Mi momento de autocompasión duró poco, cuestión de un día, tal vez dos. Pero lo siguiente fue peor. La vacuidad, la falta de peso, la ausencia.

Todo comenzó por una estupidez, como empiezan todas las cosas grandes. Un pleito, un malentendido, una frase dicha tal vez sin querer, pero que alcanzó a tocar fibras sensibles. Demasiado sensibles. Primero, claro, el enojo, pero luego algo pasó, algo se comenzó a transformar, a cambiar dentro, como esas gotas que se van acumulando en los huecos de las piedras y cuando el hueco se desborda no lo hace más en simples gotas, sino en grandes chorros, así, lo que se desbordó producto de aquella insignificancia, resultó ser la indiferencia. No había odio, no había otra persona, solo había una nada monumental, un vacío triste y errante, vagando por cada rincón del alma.

Estando aquí, no puedo más que desear en otro lugar. Pero no sé en qué lugar. Viendo a la gente entrar y salir de esta oficina no puedo menos que imaginar lo plácida de las vidas de cada uno y me doy cuenta que estoy terriblemente equivocado, que las vidas plácidas son una falacia, una mentira que creemos por un tiempo, pero que luego llegamos a desenmascarar. Y duele. Y destruye.

La necesidad de aparentar que se trabaja no hace más que incrementar la soledad. Trabajo, claro, hago lo que debo hacer, por lo que se me paga y por lo que soy una persona “productiva a la sociedad” Todo una pantalla, una mentira enorme que dice que estoy bien, que soy una persona importante y que sabe hacer su trabajo. Como si eso fuese lo único que importa.

Vida, trabajo, trabajo, vida. Suena complementario, pero en realidad es parasitario. El trabajo se convierte poco a poco en lo más importante para muchos y en lo más deprimente para otros. Con lentitud, los progresos laborales se van convirtiendo en lo único que interesa, como si la necesidad de trabajar, se convirtiese en la necesidad de saber que somos necesarios en el trabajo. Espejos para los conquistados.

Y permanezco en mi lugar de trabajo, cumpliendo un horario que no pedí, que no establecí y que nadie ha establecido nunca, porque sí, porque este es el horario que ha sido siempre, tantas horas fuera de cualquier lugar que a uno le pueda parecer interesante, porque eso es lo que debe ser, porque siempre ha sido de esa forma.

La veo en mis recuerdos y parece que estuviese ahí. Pero lo cierto es que no la extraño. No recuerdo como sentir lo que sentía por ella y eso me entristece. Creamos una vida junto a alguien más con la esperanza de que un sentimiento, una reacción química, será capaz de durar para siempre y de repente, un pleito, otra reacción química, no hace más que contrarrestar el efecto de la primera y luego,… nada.

Y ahora, que la hora de partir se acerca, que he de regresar a otro lugar en el que no quisiera estar, no hay nada más devastador que aceptar que mañana, como siempre, el sol saldrá y mi corazón seguirá latiendo, porque no soy más que el resto, porque estoy aquí, junto con otros millones, que tienen tanto vacío en su vida como yo. Que el mundo sigue, que el universo sigue. Tanta verdad, tanta crueldad, tanta mierda.

sábado, 2 de agosto de 2014

Podcast 5. La violencia en el país. Preguntas y respuestas

En este podcast doy respuesta a un par de dudas y comentarios sobre el podcast anterior en el que hablaba sobre la violencia en El Salvador:



Por si desea bajar este podcast en formato mp3, puede hacerlo desde el siguiente link:

https://dl.dropboxusercontent.com/u/59166381/podcast%205%2002-7-2014.mp3

domingo, 29 de junio de 2014

Podcast 4. La violencia en el país

Después de dos meses sin publicar un podcast, vengo hoy con uno violento, sí, porque habla sobre la violencia en nuestro país, especificamente la violencia de pandillas. No es un tema sencillo, no es un tema "bonito", pero es algo por demás interesante.

No pretendo "descubrir la cinta azul de la bacinica" ni mucho menos saberlo todo al respecto (no estoy ni lejos de semejante presunción), pero doy mi muy personal punto de vista, enriquecido con un par de lecturas, claro está.



Como siempre, sus comentarios y peticiones son más que bienvenidos :)

martes, 3 de septiembre de 2013

H-U-M-A-N-I-D-A-D

"Respetá, llevás gente, no animales", le grita una familia entera, mudándose de casa a bordo de un pick up con flamantes placas nacionales, al motorista del microbús pirata en el que me dirijo a mi casa, quien va mensajeándose con alguien a través de su teléfono celular, táctil, con sistema operativo Android, lleno de belleza y el típico efecto "mírame, tengo a este bebé" que todos persiguen.

Pasamos rápidos a la gasolinera, en donde un cliente medio borracho sale de la "tienda de conveniencia" (tal vez con ese nombre porque todo es convenientemente caro), gritándole a su hijo que deje de travesear las cosas que se muestran en la tienda, claro está, mientras él sostiene una hermosa cerveza, importada (nada como ponerse borracho con sabor internacional), en la mano derecha.

Ha habido un accidente en la carretera, cosa que para la gran mayoría de los que transitamos por ella es algo normal, que ya no despierta ni el más mínimo sentido de empatía hacia las personas que han sufrido el tal accidente y nos lamentamos del retraso que los cuerpos de socorro le ocasionan al fabuloso motorista "texteador" que nos lleva raudo y "SMSísticamente" exacto a nuestros destinos.

Llegando a la colonia, los pandilleros han hecho un nuevo grafitti, orondo y colorido en donde aseguran que controlan y le desean eterno descanso a uno de sus compañeros muertos, mientras la iglesia más cercana berrea una canción que asegura que existe un mundo mejor después de este, recordándonos que lo que suframos aquí nos será recompensado en "la otra vida": Sufra ahora y pague después, es la consigna.

Y yo, me siento extrañamente feliz, no necesariamente por ser alguien que no tiene dinero si no algo mucho más importante (y que conste que lo tengo), si no por tener la plena seguridad de que la humanidad se va extinguiendo, aunque me preocupa pensar cuánto más va a tardar... al pobre planeta le urge una nueva especie dominante.

sábado, 3 de agosto de 2013

Vergüenza - Salman Rushdie



Rushdie viene a ser, por hacer una muy mala comparación, el García Márquez de Europa, que escribe sobre el medio oriente.

Una mezcla malsana, no porque los libros sean malos (tampoco son los más maravillosos, pero están muy bien contados), sino porque las historias que cuenta son, mayormente, malsanas. Este, VERGÜENZA, no es la excepción. Y es un libro precisamente de ESO, es decir, Vergüenza, vergüenza que se enquista en los personajes, pero que no se queda ahí, sino que se expande, evoluciona, se convierte en una vergüenza social y luego en una vergüenza nacional... y tal vez en una vergüenza continental, que se expresa en tremendos estertores político-militares.

Pero comencemos: Omar Khayyam Shaquile, es un hijo extraño, no por obeso, no porque sabe hipnotizar, no porque vive en una casa cerrada al mundo y, su mundo, no es más que esa casa,... sino porque tiene 3 madres. Estas madres son madres las tres, no porque fuesen fecundadas y cada una pariese un tercio del muchacho, sino porque una de ellas, jamás se sabe cuál, queda encinta después de la única fiesta realizada en la casa, y luego las tres parecen estar embarazadas, por simple solidaridad... no, me corrijo, para evitar que una sola de ellas sufriese la vergüenza de la "mancillación".

Omar crece en un ambiente totalmente cerrado y la pubertad no hace más que acrecentar su deseo de libertad, misma que termina ganando junto a un gran consejo "nunca permitas que algo o alguien te avergüence"

Esto se convierte en la antítesis del país en el que se encuentra y del país al que él va después y es por ello que la vida de Omar define, directa o colateralmente, la forma en que el mundo a su alrededor se avergüenza de la existencia.

La familia Harappa y la familia Ryder son las dos protagonistas (junto con Omar) de una historia de problemas políticos-militares, en los que Iskander Harappa, despunta como presidente y enorme muestra de lo que un poder que abusa significa, para luego, morir bajo el régimen militar de Raza Hyder, quien se convierte en dictador y muestra del poder que abusa, pero que mantiene al pueblo adormecido con la excusa de respetar "el libro sagrado" y sus preceptos.

La hija idiota de los Ryder (lo pongo tal como lo narra el libro) Sufiya Zinobia, tiene también un papel importante, pues se convierte en ese espíritu salvaje que no puede someterse a la simple vergüenza que las familias susodichas sienten, pero sobre todo la vergüenza que estas familias producen.

Una historia que no puede dejar de leerse sin hacer ciertos parangones con la historia latinoamericana, y, claro está, específicamente salvadoreña, no quiero entrar en mayores detalles, pues el realismo mágico del que hace gala Rushdie, también hace remembranza del utilizado por García Márquez y por ello no deja de darme un tanto de "muina" decir que es un libro excepcional, aunque claro, podría decirse esto si se lee con "ojos ciegos"

¿Es un mal libro?, no, ni lejos, como ya dije, es una historia muy bien contada, de una manera casi personal; ¿vale la pena leerlo?, sin duda, mucho más que cualquier libro, uno por uno o en conjunto, de Paulo Cohelo; ¿puede resultar aleccionante?, pues sí, aunque, como ya dije, no espere al mejor libro de la existencia humana.

lunes, 27 de agosto de 2012

Día de gracias

Debo ser un bicho raro, tal vez una cucaracha mutante o un ron-ron alienígena, pues me he dado a la tarea de leer La Rebelión de Atlas, de Ayn Rand, pese a la deliciosa aversión que sus teorías me causan... pero que se ha convertido en una cuestión de honor, y he de finalizar su lectura, aunque sea lo último que haga (inserte aquí su escena de película dramática preferida).

Pero hoy, al menos hoy, no he de hablar de la Rand y su libro, sino una muuuuy pequeña parte de él:

"- ¿Sabes, Dagny? El día de Acción de Gracias es una fiesta establecida por un pueblo laborioso para celebrar el triunfo de su trabajo."

No voy a ahondar en los detalles que llevan a uno de los protagonistas a decir semejante barbaridad, pero lo cierto es que el día de acción de gracias no es más que la celebración por todo lo alto de un pueblo conquistador, poniéndole la pata al gaznate al pueblo conquistado, merced claro está, de Pocahontas, que viene a ser una Malinche norteamericana (Malintzin, según dicen los entendidos) que, como muchos de nosotros, nos deslumbramos por los "cabellos de oro" y seríamos capaces de levantar un monumento a los gringuitos que nos dan la visa después de mendigar por horas (o días) a las puertas de su fortaleza... digo, de su embajada.

Y pues que esas dos sencillas líneas, me hicieron recordar esto:



Y usted, celebra el "Thanks giving day"?

miércoles, 27 de junio de 2012

Catarsis autojustificatoria

El ejercicio de renovarse resulta en ocasiones bastante cansino. No necesariamente por la experiencia cognitiva que puede llevar implícita, sino, sobre todo, porque las renovaciones requieren mayormente la participación colateral de fuerzas sociales, incluyendo aquellas que no están en la disposición de permitir tu "hermosamiento" o tu "afeamiento", dependiendo de cuál sea el motivo.

Me parece a mí que siempre he sido antisocial, desde que tengo uso de razón (si es que eso es posible), la compañía de las personas me ha resultado un tanto molesta, no porque me parezca que sea yo superior ni mucho menos... simplemente existe una especie de aversión al contacto humano que me ha clasificado como, vaya, digamos un bicho raro.

Con el paso de los años mi "fe en la humanidad" (en caso de que alguna vez la hubiese tenido) se ha ido extinguiendo, cual llama de vela durante una noche de insomnio. Entrar en contacto con la humanidad (sí, ese concepto abstracto que no se refiere a ningún humano en particular) no ha hecho más que reafirmar mi creencia de que la especie, como parte del ecosistema mundial (existe tal cosa?), es simplemente un mal necesario, como las gripes de las que somos víctimas nosotros mismos de vez en cuando.

Pero en fin, los lugares de trabajo, siendo los lugares en que más tiempo desperdiciamos día con día (no, no es un error de conceptos, DICE desperdiciamos), suelen ser los lugares en los que los estudios sociológicos pueden rendir frutos enormes, aunque de sabor extremadamente amargo.

Vea usted las paradojas de las que la humanidad está llena:


  1. En el trabajo, por ejemplo, se te dice que el trabajo en equipo es vital, pero existen divisiones, incluso entre departamentos... que digo, incluso dentro de los mismos departamentos en los que se divide la organización, que provocan peleas y roces constantes que no hacen más que entorpecer los intentos de trabajar.
  2. Es necesario mantener una buena comunicación, se nos dice con toda propiedad, pero resulta que las barreras que las mismas "cabezas" de grupo ponen son infrangibles para el resto.
  3. Todos estamos en el mismo barco, suele ser la frase cliché utilizada para hacerle creer a las personas que tienen objetivos comunes, amén de ganarse el maldito dinero diario para lograr sacar adelante la vida; pero resulta que todos piensan que el trabajo que se está llevando a cabo en su cubículo personal es, simplemente, el mejor trabajo posible y que los demás no hacen más que ser un montón de parásitos que viven a expensas del trabajo incansable de ese ser que ven en el espejo día con día.
A esta edad, supongo, ya debería estar yo habituado a las consecuencias ulteriores de tener que vivir en sociedad, pero lo cierto es que, sin importar cuán ecléctico sea, no logro entender la necesidad humana de ostentar poder y abusar de él como parte del axioma de tenerlo.

No, no estoy en la disposición de aceptarlo, aunque sé perfectamente que no tengo más remedio, pues estoy rodeado de personas, rodeado de seres humanos que anhelan "moverse hacia adelante", "crecer", "realizarse como personas trabajadoras". Es una lástima, una verdadera lástima, digo, que no haya yo nacido depredador, de esos que cazan solos y, si acaso, viven con su pareja... una lástima, una verdadera lástima.

lunes, 23 de abril de 2012

Panem et circus

El pseudoreportero grita (no, no anuncia, grita) que a los malacates (tiembla historia reciente) terminaron besando la tierra. Burdo intento de sonar poético.

Afuera, un borracho entabla una titánica batalla contra las plantas que mi esposa ha sembrado y que le estorban el paso. Y mientras le digo que era mejor que me dijera que podara las plantas en lugar de destruir lo que no le pertenece, él me dice que no "me clave" y que si tengo algún problema que el conoce a la mara de por aquí. Yo me río y le digo que siga su camino, que ahí muere pero que mejor no se "clave" él.

En la iglesia de la esquina, de alguna denominación exótica, como está tan de moda, algo así como los santos de los testigos de los amigos del advenimiento de... en fin, que usted entiende; el pastor (también aplica el prefijo pseudo, si le va bien) se desgañita asesinando a un satanás que solo está frente a sus ojos.

Mi hijo menor canta con fanatismo la canción de los Power Rangers Samurai, mientras el mayor canta alguna canción de reggaetón que desconozco (y de la que me siento tentado a ridiculizar, pero me detengo para no provocar la reacción contraria a la que deseo)

La vecina de arriba pega su rostro a la ventana mientras escucha una canción de Los Temerarios (ajúa) y parece rememorar con nostalgia los buenos momentos que jamás ha pasado junto a su pareja, que la ha dejado hace ya algunos meses con los dos niños.

Mientras, el televisor, me recuerda que los hechos de violencia siguen (amarga muestra de lo obvio) y que el espacio informativo es cortesía de alguna telefonía de la cuyo nombre no quiero acordarme.

Me como con lentitud una galleta y me siento con tranquilidad. El espectáculo debe continuar.

lunes, 9 de abril de 2012

Debo ser exitoso!!!! o las miserias de los tiempos actuales

Desde hace algunas décadas, los libros de superación personal parecen ser una presencia reglamentaria en la biblioteca de todo aquel se pretenda ser "exitoso" Pues a saber, éxito significa (según la RAE):

1. m. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc. 

2. m. Buena aceptación que tiene alguien o algo.

3. m. p. us. Fin o terminación de un negocio o asunto.

Sépase usted, mi estimado aspirante a exitoso miembro de la especie humana, que lo cierto es que, en estos tiempos aciagos, el éxito parece haberse convertido en algo mucho más intangible de lo que aparentan sus respectivas acepciones. Y luego de haber leído ínclitas producciones literarias como "Quién se ha robado mi queso?" o "La vaca" (la misma vaca, con el mejor ritmo de merengue) nos podemos dar cuenta que el éxito se ha convertido en un producto de la sociedad consumista en la que desafortunadamente vivimos. Vea usted, que para los extraños y verdaderamente faltos de hilo conectivo, personajes del librito ese de Quién se ha güeviado mi derivado lácteo?, el bendito trozo de morolique era el significado claro de un trabajo estable, de una casa, etc. Es decir, un trabajo en el que pueda sentirme seguro de que no me van a echar a la chingada y que, ergo, me va a permitir llenarme de toda la sarta de tonterías que el dinero puede comprar.

Vea usted por la calle a los adolescentes (y ya no adolescentes) víctimas de su propio éxito, esclavizados de ese ideal que significó en algún momento el éxito. Vea usted a todas esas mentes alienadas que creen que tener el último grito en celulares es un signo claro del éxito del momento, o trabajar en el lugar de moda (sí, créalo o no, eso es una señal de estar in y por consiguiente de ser exitoso), o bien conocer al dedillo los centros comerciales que están allá por donde casi no llegan los buses, o... en fin, usted póngale nombre a su definición más local, más cercana de éxito.

El éxito parece haberse convertido en una de esas adicciones de nuestra época, con cada vez más personas obsesionadas por obtenerlo. Que quiere usted estudiar artes, no sea loser, dedíquese a la carrera que lo va convertir a usted en alguien exitoso, no en una que lo va a llevar a morirse de hambre. Si medita usted, mi querido padawan en esto, lo cierto es que las artes, como un ejemplo nada más, no son una carrera exitosa, simple y sencillamente porque no somos un pueblo que se de a la tarea de apreciar el arte. No solo es cuestión de ser un pueblo que se dedica a sobrevivir, vamos que la cuestión es así, pero que las exposiciones de pintura, los conversatorios, algunos conciertos, etc. son gratis y no es precisamente que haya colas interminables para ver una exposición del difunto maestro Valero Lecha, como las hay para ir a ver (pagando) a Ricardo Arjona (imagíneme en este momento con mis manos sobre mi boca para evitar las náuseas) o a algún reggaetonero cualquiera que viene a mostrar su arte... de hacer ver a las mujeres como un objeto sexual que vale la pena en tanto sea utilizada solamente como tal.

Éxito, es el nombre del juego en todos lados, que tengan el tiempo para dedicarse al éxito, claro está y que tengan la idea fija de querer, como muuuuuuchos en derredor, tener sus 15 minutos de éxito.

En fin, que al final de cuentas, la vida NO debería (se fijó que puse la palabra NO, verdad?) ser medida con base al éxito... es más, hágase la pregunta. ¿Vale la pena medir la vida, en lugar de dedicarse a vivirla?

Y más nada, que tengo ganas de hacer un final abrupto.