viernes, 5 de febrero de 2016

Viernes de vídeo

Una comunidad de simpáticos gérmenes que nos demuestran que la unión y la inteligencia unida, hacen la fuerza:


國立台灣師範大學設計系104級畢業製作/Greedy Germ 掠食 from YU HSU on Vimeo.

Sonría, es viernes :)

miércoles, 3 de febrero de 2016

Hacking. Capítulo 13

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HACKING

Alberto Chavez
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13 CAPÍTULO XIII

No sin mucho esfuerzo, lograron el agente Shapper, Isaac y dos oficiales más, subir a lo alto de la muralla. Lograron encontrar las desgastadas escaleras que los constructores, del lado norte todos, había utilizado para bajar hacía muchísimos años, e intentando hacer equilibrio, siendo que nadie daba mantenimiento a dicha escaleras y se encontraban en total abandono, lograron llegar a la parte más alta de la muralla. Aquella vista era realmente desoladora. Era la primera vez que cualquiera de aquellos personajes veía las dos realidades, estando básicamente en el centro de la álgida lucha entre su realidad y la crudísima realidad de los otros. De su lado, apartamentos, desde los "menos afortunados", viviendo en edificios de varias plantas, dotados todos ellos de elevadores electromagnéticos, salones antigravedad para los días de mayor estrés, masajeadores robóticos que lograban despejar cualquier tensión muscular por el diario trabajar, estacionamiento para todos y cada uno de los vehículos que poseyera la familia y apartamentos de, al menos, tres habitaciones, con sus áreas para comer, divertirse y cocinar, para todos aquellos aventureros que aún estuviesen en la disposición de cocinar ellos mismos sus propios alimentos y no comprarlos empacados o enlatados, deshidratados y listos para ser ingeridos. Del otro lado, incluso desde aquella altura, podían verse las calles, insalubres y llenas de baches, en donde podían verse corriendo sin mayor temor roedores de gran tamaño, hurgando en la basura que, sin miramientos, era arrojada a la calle por aquellos ciudadanos que, no conociendo otro tipo de educación, tenían aquello como una práctica totalmente normal; las casas, algunas de ellas sostenidas por enormes trozos de madera y los techos con enormes piedras para evitar que los fuertes vientos de algunas épocas del año dieran al trasto con todos ellos. Casa pequeñas, hacinadas y descuidadas, que no hacían más que escupir en la cara de aquellos testigos asombrados, que se deban cuenta de que todo, absolutamente todo lo que ellos gozaban, era exactamente lo que a todos los habitantes del lado sur, les había sido arrebatado.
  • Vaya - exclamó finalmente Isaac, no pudiendo contener su asombro.
  • ¿Se le hace un nudo en la garganta o simplemente está dando gracias por no estar de ese lado? - preguntó el agente Shapper con tono burlón.
  • ¿Y usted? - preguntó a su vez Isaac.
  • Doy gracias, por supuesto. Ya le dije que soy práctico y muy cínico. Pero es bastante impresionante la diferencia, ¿no le parece?
  • Tal vez demasiada - susurró casi solo para sí Isaac.
  • Vaya, digo yo. ¿Un poderoso con un deje de consciencia? Eso es algo que no se ve todos los días.
  • Cuidado, Shapper, este poderoso podría hacer que le quiten el trabajo si sique con sus comentarios.
  • Jaja, adelante caballero, estoy lo suficientemente viejo como para no dejarme intimidar con un trabajo… o para el caso, con lo que sea.
  • No me parece usted tan viejo, Shapper, ¿cuántos años tiene?
  • Más de los que quisiera, señor. Ahora bien, ¿vamos a bajar o nos vamos a quedar aquí a intercambiar edades y amenazas?
Isaac sonrió. Le agradaba la despreocupación inteligente de Shapper, cosa que no siempre le sucedía con todo el mundo. Pero Shapper tenía razón, bajar no sería una tarea sencilla, sobre todo porque, del lado sur, no había escaleras. Era lógico, los del lado norte no deseaban que los del lado sur incursionaran en su territorio y nadie en su sano juicio iría del lado norte hacia el lado sur.
  • Pero Iandro lo consiguió, nosotros debemos poder también - dijo Isaac, diciendo en voz alta lo que solo había pensado en un primer momento.
Luego de algunos minutos de recorrer la muralla, lograron encontrar algunas de las grietas que mantenían a la muralla en funcionamiento y por las que se podía ver la luz azulada del campo de energía que emanaba y lograba que la muralla se mantuviese erguida y funcional.
Con extrema dificultad, con la ayuda de los viejos y desvencijados calzados antigravedad de los agentes, lo que significaba que Isaac tendría que ir abrazado del cuello de Shapper, lograron descender hasta las calles ruinosas del lado sur. Aquello, deprimente y todo, era una buena señal, que si habían logrado llegar, podrían regresar, o eso esperaban, de la misma forma. Durante el tortuoso y lento descenso, Isaac pensaba y recordaba las palabras escuchadas en los últimos días al hacer algunas preguntas: "más del que debería", "demasiado"… Y comprobaba todas las coincidencias, los lugares comunes. Incluso, sus propios lugares comunes.
  • Bien, señor Isaac, mal comenzamos - dijo Shapper, mientras observaba hacia todos lados con recelo.
  • ¿A qué se refiere Shapper?
  • A que no estamos solos - dijo, mientras miraba fijamente un punto en lontananza.
  • Yo no veo nada - dijo Isaac, mientras otro de los agentes le hacía eco.
  • A eso me refiero - contestó Shapper - no los podemos ver, pero los huelo, créanme lo que les digo: no estamos solos.
A Isaac, mucho más que llenarlo de preocupación, aquella frase de Shapper le provocó una sonrisa, tal vez de triunfo, tal vez de asombro, tal vez, aunque fuese un poquito, de preocupación. Aquello no era más que una pieza más del rompecabezas que comenzaba a tomar forma en su cabeza, pero que no alcanzaba a formar del todo. Pero sabía que todo aquello, sin lugar a dudas, era signo de que Iandro era, tal vez muy a su pesar, la perdición de la humanidad.

viernes, 29 de enero de 2016

Viernes de vídeo

Vea pues, este es un resumen de 1 minuto de la película La Guerra de las Galaxias, El Despertar de la Fuerza. Fantástico, cómico, bien resumido, bien dibujado. NO se puede desear más:


Sonría, es viernes :)

jueves, 28 de enero de 2016

El Ladrón de Cuerpos - Anne RIce



Cuarto libro de las Crónicas Vampíricas de la autora Anne Rice (de un total de 10, al menos de la colección original), este es probablemente el libro que tiene menos acción (de los tres anteriores). Es necesario aclarar que eso no implica que sea aburrido o, mucho menos, un mal libro o una mala historia. La riqueza narrativa de Anne Rice es siempre bienvenida, llena de exquisiteces y detalles que hacen que cada página sea un mundo en sí mismo.
En fin, vamos a lo nuestro.
Lestat, el vampiro favorito de Rice, una vez más, se enfrenta a peligros que él mismo ha buscado. Hay que decir, que una de las grandes fortalezas de Anne es precisamente la constancia de carácter de sus personajes, quienes logran mantener su propia congruencia a lo largo de sus historias.
En esta ocasión, Lestat conoce a Raglan James, un personaje que, en el momento de presentarse a Lestat, lo hace como un joven de 26 años, extremadamente atractivo. Aquello es algo extremadamente bien pensado por parte de James, quien le ofrece a Lestat la posibilidad de cambiar de cuerpos. Esto, si es que se han leído las historias anteriores, resulta una tentación imposible de resistir para el vampiro francés, que ha soñado con recuperar su humanidad, practicamente desde el momento en que la perdió, gracias a que uno de los ancianos (Magnus) lo convierte en el vampiro que es.
Tanto Louis (su amigo, quien en teoría escribe Entrevista con el vampiro), como David Talbot, un amigo mortal, perteneciente a la Talamasca (una organización de estudios paranormales de origen británico); le advierten de los problemas y peligros en los que se puede meter, en caso de que acepte la propuesta de James, quien, hay que decirlo, le es sincero desde un inicio y le dice que es un estafador y un ladrón, pero que además, tiene la facultad de meterse (robar) en otros cuerpos, conservando la esencia de su alma y de su mente.
Humano, de nuevo, es lo que Lestat piensa y con todo y las protestas y las advertencias de sus amigos, decide probar.
Como es de esperarse, la cuestión se lleva a cabo, pero no es algo que termine disfrutando, pues el cuerpo humanos, debido al frío, se enferma y va a dar a un hospital, en donde conoce a Gretchen, una misionera que termina por cuidarlo, llevarlo a su casa y con quien también, termina teniendo una buena sesión de sexo. Sin embargo, Gretchen, que practicamente quería probar la cuestión sexual y decide hacerlo con Lestar, está decidida a continuar con su misión de ayudar a los demás y se marcha a las selvas de Venezuela.
Con todo, la transacción, que en teoría iba a ser de un par de días, no se lleva a cabo en su segunda fase, es decir, cuando Raglan James iba a devolverle el cuerpo vampírico a Lestat. Viéndose engañado, acude primero a Louis, a quien le ruega que le otorgue el don oscuro, es decir que lo convierta en vampiro, aún en el cuerpo humano que lleva, para luego emprender la cacería de James. Louis se niega, así que acude a David Talbot, quien sí se ofrece a ayudarle y con quien emprender la búsqueda del ladrón de cuerpos.
Luego de una labor de deducción/investigación, se dan cuenta de que James va en un crucero (El Queen Elizabeth II) y que es ahí en donde se refugia. Van en su búsqueda, no sin atravesar por un par de aventuras. Lo encuentran, Lestat logra desalojar a James de su cuerpo vampírico y sale huyendo, pues la salida del sol se acerca.
Al despertar de su sueño diurno, recorre el barco buscando a James o a David, pero no encuentra a ninguno de los dos, por lo que se baja del barco y, primero, va a Venezuela a buscar a Gretchen y cumplir la promesa de mostrarle que todo lo que le había contado como mortal, de su cuerpo vampírico, era cierto. La cuestión sale muy mal y Lestat debe retirarse ante la mirada aterrada y repulsiva de Gretchen, quien practicamente pierde la cabeza por un momento.
Luego, decide acudir con David, quien se ha puesto en contacto con él y le pide que se reunan en Estados Unidos. Acude al encuentro de David, quien finalmente le pide que le otorgue el don oscuro. Lestat, finalmente y feliz de complacerlo, comienza a beber de la sangre, pero se da cuenta de que en realidad, en el cuerpo de David, se encuentra Raglan James, así que le da un golpe que lo deja al borde de la muerte. Dándose cuenta de que ha dejado el cuerpo de su amigo muy maltrecho, sale a la calle e intenta llamar a la Talamasca para que lo lleven a un hospital, cuando se le aparece el joven que había sido él algunos días atrás. Como es de suponerse, aquel cuerpo joven está ahora ocupado por David, quien logró hacerse de él luego de alguna escaramuza con James en el momento de recuperar el cuerpo de Lestat.
Sabedores de que el cuerpo original de David no volverá a la vida, Lestat se lamenta de haber perdido a su amigo, pues considera que todo aquello ha ocurrido por su culpa en primer lugar. Sin embargo, David le hace ver que, como sea, vuelve a tener la oportunidad de ser joven, cosa que termina por dolerle aún más a Lestat.
El último capítulo del libro, es en donde, finalmente, Lestat da muestras de no haber dejado de ser quien era, pues vuelve por David, esta vez para darle el don oscuro, aún en contra de la voluntad del mismo David. Incluso, le dice que la culpa es de él (de David) por haber confiado en un diablo como él. Como sea, finalmente, una vez que David es vampiro y lo abandona en un arranque de resentimiento, se vuelven a encontrar, para comenzar a recorrer el mundo como un trío (Louis incluído) una vez más.
Tal y como dije al principio, el libro se pone emocionante practicamente al final, pero es delicioso en su totalidad. Así pues, léalo que es muy bueno y recuerde EL CONOCIMIENTO ES PODER.

miércoles, 27 de enero de 2016

Hacking. Capítulo 12

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HACKING

Alberto Chavez
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12 CAPÍTULO XII

Leopoldo sostenía su libro en una mano, y un cuchillo enorme en la otra. Estaba totalmente dispuesto a matar a Iandro y estaba convencido de la inveitabilidad de todo aquello. Jamás creyó que todo el conocimiento repetido y memorizado durante tantos años le iba a revelar una cruda realidad: aquel libro no era ficción, como hubiese creído alguna vez, aquel libro era un libro sobre la realidad… sobre la vida, sobre Iandro.
Iandro lo miraba aterrado, asombrado, sin comprender la totalidad de todo aquello. El día anterior había comenzado de la forma más normal imaginable y había terminado de la forma más inesperada. Él que nunca pensó, ni lejanamente, en conocer la zona sur, en esconderse de las autoridades, con quienes jamás había tenido un problema, él que no hacía más que intentar descubrir los secretos de un tipo de tecnología… ¿o era una ciencia?, que había estado cubierta por un velo desde hacía décadas, él que solo quería descubrir la posibilidad de dar vida a lo inanimado, él que no pretendía riquezas ni fama, solamente la posibilidad de saber, de conocer, de presenciar.
  • Lo siento - dijo Leopoldo - pero esto es algo que hay que hacer.
  • Pero…
  • Parece que no te das cuenta de la situación - le dijo Leopoldo, alzando el libro.
Al principio Iandro no parecía comprender lo que Leopoldo trataba de decirle, así que se limitó a echar una ojeada cansada al aparato que sostenía en sus manos.
Leopoldo bajó el cuchillo por un momento, él también parecía estar comenzando a comprender lo que sucedía.
  • ¿Todavía no te has dado cuenta? - preguntó Leopoldo.
  • No tengo idea de lo que estás hablando, pero sí que tengo una pregunta: ¿Me vas a matar? - dijo Iandro con un nudo en la garganta.
  • Te pido una lectura conscienzuda de esto - dijo de nuevo Leopoldo, alzando la página del libro.
  • ¿De dónde has sacado algo tan anticuado que ya ni siquiera figura en los archivos digitales?
Aquella pregunta pareció sorprender a Leopoldo, pues pese a todo el miedo reflejado en el rostro de Iandro, mantenía intacta su curiosidad.
  • Eso no importa - le dijo, aunque su voz no sonaba presa del hastío en lo absoluto - por favor, las dos páginas.
Iandro comenzó por leer, al principio con agotamiento, luego con extrema curiosidad y finalmente, lleno de pavor.
  • Pero es que… no lo entiendo… no puede ser.
Iandro tomó el libro y comenzó a leer página tras página. Con inseguridad al principio, con fruición después. Todo aquello le parecía más bien una pesadilla, algo que no parecía estar dentro del rango de posibilidades de una vida. Se sentía cansado, tanto del cuerpo como de su mente. Leyó casi veinte páginas en menos de diez minutos. Ávido de respuestas, temeroso de la realidad que se rebelava ante él.
Levantó la mirada, observó con extrañeza a Leopoldo, como dándose cuenta de una verdad que simplemente no había querido aceptar nunca.
  • ¿Me vas a matar?
Leopoldo lo miró por larguísimos segundos, sopesando aquella mirada lánguida y angustiada. Ese día, cuando se levantó como siempre a las cinco treinta de la mañana, jamás pensó que estaría en la situación más complicada que pudiese enfrentar cualquiera, justo en la tarde ese día. Recordó todas las veces en las que, de pequeño, se enfrentó al hambre, mientras su madre se sumía en todas las drogas conocidas, incluyendo, por supuesto, las microexistencias. Recordó todas las veces en que tuvo que suplicar por un plato de comida, mientras intentaba no morir. Todas las pruebas que había sufrido durante todos aquellos años, parecían palidecer ante aquella cruda realidad. Iandro, él, le había hecho retroceder en el tiempo y darse cuenta de que todo, absolutamente todo lo que había dado por sentado y normal, podría bien ser una enorme mentira. Sintió rabia, impotencia, frustración. Se preguntó desde cuándo era que todo aquello había estado pasando, se preguntó cómo es que todo aquello había pasado, desde cuándo era que todos había estado tan ciegos. Y se dio cuenta de que, tal como a Iandro, pese a toda la confusión y el miedo, su mente curiosa no dejaba de estar presente. Así que, pese a todo, se obligó a razonar con tranquilidad… al fin y al cabo, parecía que eso era lo que tenía que hacer.
  • Tal vez - dijo por fin - tal vez sea necesario que te mate, pero primero, me vas a decir cómo es que viniste a este mundo.

viernes, 22 de enero de 2016

Viernes de vídeo

Poco se puede decir de una animación tan conceptual. Una especia de escape de una ciudad que se está cayendo, que termina por convertirse en un lugar sin escape.

Con ustedes Yesterday:


Ontem (Yesterday) from FalcaoLucas on Vimeo.

Sonría, es viernes :)

miércoles, 20 de enero de 2016

Hacking. Capítulo 11

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HACKING

Alberto Chavez
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11 CAPÍTULO XI

Isaac decidió acompañar a las autoridades en su búsqueda de Iandro. El agente a cargo no dejaba de hablar del chico y mostrar una sonrisa socarrona. Aquello de la descripción que había dado el gerente bigotón que habían entrevistado primero era como para morirse de risa. Lo describía casi como un monstruo salido de alguna pesadilla de algún antiguo escritor de ficción.
  • Agente Shapper - decía Isaac - ¿Qué opinión le merece las declaraciones de…
  • Ese loco - interrumpía Shapper - Yo le recomendaría fijarse en las personas que contrata. Este parece que estuviera colgado con las "miniexistencias". Mire que describir al muchacho ese con ojos no naturales, brillantes, huecos y no sé qué cosas más, me parece algo realmente ridículo.
  • No le parece que estaba demasiado asustado como para estarlo inventando.
  • Por eso le digo, debe estar colgado con las "miniexistencias", que seguro se le quedaron en el cerebro y está reproduciéndolas sin querer y mezclándolas con la vida real.
  • Creí que esas cosas estaban prohibidas del lado norte.
  • Pero claaaaro que están prohibidas - decía Shapper con burla. - Pero en el lado norte, en donde sobra el dinero, lo que quieren los señoritos, los señoritos lo consiguen.
  • Me suena a que está usted dolido, agente - decía Isaac, con una sonrisa mental.
  • No lo crea, caballero, soy más un observador que un acusador. Me agrada llamar a las cosas por su nombre y si algo puedo asegurar, es que en estos mis años de servicio, me he dado cuenta de que la "existencia de miniexistencias" en el lado norte es más común de lo que cualquiera pueda imaginar.
Isaac miraba hacia adelante y meditaba seriamente sobre las palabras del agente Shapper. Si bien la cuestión del tráfico de aquella droga no era ningún secreto, aquella confesión de lo común que era todo aquello le hacía reflexionar sobre las falsas bondades de ser los que se habían quedado con la bonanza económica, y por consiguiente con todo el dinero del mundo para invertir en todo aquello. Lo cierto es que él se había dedicado a hacerse cada vez más adinerado y a acumular poder, pero qué había de los hijos de los que eran como él, aquellos que tenían un dinero que no les había costado nada en absoluto y todo el tiempo del mundo para gastarlo en lo que quisieran, cuando quisieran y tanto como quisieran. Aquella situación era cada vez más común, ya que los grandes empresarios del lado norte, o tenían tiempo para sus negocios, o tenían tiempo para sus familias, pero no para las dos cosas al mismo tiempo.
  • No - dijo finalmente Isaac - al menos no creo que mi gerente fuese un drogadicto, no tiene imaginación ni siquiera para ser algo así.
Shapper hizo un mohín y siguió con la vista hacia adelante. Cuando se aproximaban a la muralla divisoria, Isaac no pudo menos que admirar aquel trabajo arcaico, pero vigente, además de hermoso. La muralla era un despliegue de luz impresionante. Aquella muralla que representaba la vergüenza de la segregación, aquel monumento a las diferencias no reconciliadas, se alzaba varios metros sobre el suelo.
  • Impresionante, ¿verdad? - dijo Shapper, leyendo los pensamientos de Isaac.
  • Nunca había estado cerca de la muralla - dijo Isaac - la verdad es que es impresionante.
  • Sobre todo si piensa en toda la gente que ha tenido que quedarse del otro lado durante tantos años, sin tener otra opción.
  • Gusta mucho del sarcasmo, agente Shapper - dijo Isaac con una sonrisa.
  • Gusto mucho de ser sincero, señor Isaac, nada más. Listo, aquí estamos.
  • Vaya, sí que es alta. ¿Y cómo cruzamos al otro lado?
La mirada de asombro de Shapper le anticipó las malas noticias a Isaac.
  • ¿Cruzar? Nadie cruza, ni para un lado ni para el otro, caballero, nos quedamos y esperamos a que aparezca, que no creo que el chico sea tan tonto como para haber intentado cruzar.
  • No podemos sentarnos a esperar, seguro que el muchacho ha cruzado y está del lado sur.
  • No creo que tuviese ni el valor ni que fuese tan tonto, ¿por qué está tan seguro?
Isaac miraba hacia la parte más alta de la muralla, intentando imaginar la forma en la que tendrían que cruzar, mientras sopesaba las habilidades de su cuerpo, que si bien eran bastante buenas, no creía poder igualarse a la agilidad y fuerza de un muchacho en plena flor de su juventud.
  • Fácil, agente Shapper - dijo por fin - porque es precisamente lo que yo haría.