lunes, 26 de octubre de 2009

Pláticas infantiles

- ¿Viste el charco de sangre en la entrada del pasaje? - me dijo, casi de manera casual.

Yo no contesté, me quedé en la entrada de la casa, poniendo la mochila sobre la silla.

- Dicen que a las ocho y media lo balearon - y tomó un trocito de papel para colocarlo en el cuaderno de matemáticas.

- ¿Cómo te fue en el examen de hoy? - pregunté con preocupación.

- Estuvo algo fácil,... trece años dicen que tenía el muerto y la herida tenía catorce - y siento que mis facciones se contraen.

- ¿Y mañana de qué tenés?

- De matemáticas, estas son las operaciones que he hecho - y me muestra unas multiplicaciones de tres cifras con todo el orgullo de que es capaz, además de divisiones garabateadas - ¿por qué los habrán matado? - pregunta con curiosidad.

Y me quedo pensando, evaluando todas las posibles respuestas. Tomo un trago del té que tengo en enfrente y me distraigo un momento con el hermoso color negro.

- Lo importante es que la mamá debe estar triste - le digo con torpeza - y que no quisiera que salgás de noche,... las operaciones están bien, felicitaciones.

Y se va con una sonrisa de satisfacción, y yo me quedo con la angustia de lo que podría ser y el pánico de que estas pláticas se vuelvan habituales, al grado de ser "como ver llover"

4 comentarios:

Viktor dijo...

todos tenemos esa sensación amigo Alberto, ver un baleado es tan natural como ver caricaturas, o el simple hecho de poder respirar, hablar, pensar.

Día tras día, todos perdemos algo de humanidad al ver normal, algo, que ya debería ser parte de un libro de ficción

Alberto dijo...

@Viktor: "...algo, que ya debería ser parte de un libro de ficción"

Eso es precisamente lo que yo digo, pero es la realidad que se vive y se le tiene que hacer frente.

Saludos maestro

Carlos Abrego dijo...

En realidad, nadie se acostumbra, nadie acepta. Lo único que no le vemos salida a este pozo.

Alberto dijo...

@Carlos Abrego: Espero, con sinceridad, que no se llegue a la costumbre, por el bien de nuestra "humanidad".

Saludos don Carlos, que bueno verlo de nuevo por estos rumbos.