viernes, 25 de septiembre de 2009

La "Normalidad" que intriga

El día de hoy escuché en una estación de radio, la 102.9 para ser exactos, una entrevista con el excelso señor Luis Cardenal (ex Ministro de Turismo). La entrevista fue,... una plática amena, digámoslo así.

Sin emabrgo, uno de los tópicos por los que patinaron de forma esmeradamente desinteresada fue el tema, tan metálicamente gastado del matrimonio homosexual. Una de las frases dichas por el conductor de la radio en las mañanas: Prudencio Duke, me llenó de un extraño paroxismo: "...un matrimonio 'normal', es decir, entre un hombre y una mujer..."

La búsqueda de la significación de la palabra "normal" en el contexto preciso de la entrevista, hace que nos preguntemos de la manera más minimalista: ¿normal?.

Teniendo en cuenta la típica costumbre masculina de encontrarle el significado a las palabras más sublimes como Valhalla, Paraíso, Olimpo, etc., etc., etc., a través de la ingesta de bebidas embriagantes a tal punto de quedar tendidos en cualquier lugar, olvidando con facilidad envidiable la forma en la que se predica a través del ejemplo, pueda ser que es a esa normalidad a la que el sin par señor Duke se refería.


O tal vez tenían en mente a la forma típica en la que las mismas madres educan a sus hijos e hijas en la cultura machista que dice que se debe soportar lo que sea con tal de guardar las apariencias y evitar quedarse sola a vestir santos por los siglos de los siglos (amén), aún a costa de soportar los malos humores, las infidelidades, las llegadas tarde, las salidas con cualquier persona, menos con ellas, la desatención a los hijos, la forma en la que cada vez, con más facilidad, con el paso de los años, a él se le vuelve más fácil ser irascible y estar siempre a la greña (como diría algún conocido por ahí "te lele mamacita") con la mujer. O que se le dice al niño: "aguántese que los machos no lloran", o "usted es hombre, no tiene que cuidarse". Si es a esa normalidad, a la que nuestra sagaz y astuto entrevistador se refería...




O tal vez, sólo tal vez, hablaba nuestro quijotesco personaje de aquellos hombres que viven para ser la viva imagen del amor tigre ("porque te quiero te aporrio", como diría Descartes) evitándole a su pareja esos enormes gastos en los salones de belleza vertido en concepto de maquillaje y otras vagatelas, brindándoles un hermoso y envidiable color violeta reforzado (reforzado a base de la reincidencia, claro está), con ciertos destellos en los bordes, sobre todo cuando el golpe es asestado con "amor", de aquellos que dejan la fisonomía de la mano bien marcada en los ojos de la mujer en proceso de ser "embellecida".

Si es a esta normalidad, si es así... carajo, no quiero ser normal...

Es en estos casos, precisamente en estos casos, en los que aquello de que "Todo es relativo" hace su entrada triunfal y sirve como la diva de la ópera (dicho de manera un tanto menos vulgar, "oyendo cantar a la mujer gorda"), para cerrar su puño en torno del frágil cuello de la tolerancia y la razón.

Señores, créanme, la comunidad homosexual, en definitiva, tiene cosas mucho más importantes por las que preocuparse. Pocos tendrán la sublime idea de contraer matrimonio, sabiendo que a lado, un adorable vecino puede tener tatuada una suástica de intolerancia en el pecho.

¿Cuándo será el día en el que nos demos cuenta que, en nuestras diferencias, es precisamente en donde radica nuestra igualdad de derecho?

Saludos a todos

5 comentarios:

David dijo...

Jeje, también hay matrimonios entre hombre y mujer anormales.

Carlos Abrego dijo...

Normalmente, los que reclaman normalidad, son anormales. Hay que informarles que lo pior es que eso se atrapa por los ojos. No la normalidad, sino que lo otro, a lo que le tienen tanto miedo.

Una vez me quedé embarazado porque una Venus se me quedó viendo. En ese planeta es así, los venusianos son los que paren. A mi vástago se lo llevó una gripe lunar.

Uno de pantalón tornasolado, un apóstol, pué, cuenta que tata Chus dijo una vez que el que se sintiera sin culpa que tirara la primera piegra... Pújira, en El Salvador se encontró con un atajo de locos tira piegras.

Alberto, la paro aquí, no vaya ser que me agarren de anormal y me condenen a muerte y a mí que tanto me gusta esta vidita y Venus.

Alberto dijo...

@David: Pues sí, lo peor es que, por estos rumbos, parece ser más común de lo que uno quisiese aceptar.

@Carlos Ábrego: Jajajajajajajajajaja, y yo que creí que haber muerto por nacimiento y seguir siendo roca blanda era fuera de lo común... qué puedo decir don Carlos, que comentario más maravilloso, jajajajajajajajaja.

Gracias a ambos por comentar

Julia Mestisay dijo...

Me parece mucha vuelta este artículo. Tal vez se refería simplemente a lo normal, en el sentido de la norma, la población mayoritariamente elije el matrimonio heterosexual nomás. Es decir: normal = a lo común, lo más común, sin juicio de valor alguno. No soy chilena ni sé el comentario radial que disparo esta nota, pero sí soy lesbiana porque me da la gana y no me hago tanto rollo con eso. Me parece que el que marca más la discriminación donde no la hay... es el que discrimina.

Alberto dijo...

@Julia Mestisay: "No soy chilena", pues yo tampoco, el post es salvadoreño, "soy lesbiana porque me da la gana", felicitaciones, porque por estos lados, la discriminación en definitiva viene de los demás. Me temo que el artículo era irónico y retórico, así que el mal entendido tal vez venga de tu parte.

Saludos y gracias por comentar