martes, 22 de septiembre de 2009

Fin de semana en vacaciones!!!

Digamos que, además de un deseo de compartir, esto es la excusa perfecta para la viñeta de "Viajes" que estreno hoy.

La hora me llegó, por fin, de tener vacaciones y éstas comenzaron el día 16. Cada vez que se nos presenta la ocasión, mi esposa y yo nos escapamos del mundo y nos regalamos un par de días fuera de la capital sin nada más que ropa de cambio y muchas ganas de aventurar. Nuestros hijos quedan depositados con mi suegra (que dicho sea de paso está encantada de quedarse con ellos) y nosotros tomamos alguna ruta, no siempre estipulada con la debida antelación del caso.

En esta ocasión, decidimos ir a Miramundo (Chalatenango). La decisión se dio después de darle vueltas a muchas posibilidades. Fue Eva quien sugirió el lugar y ese mismo día, después del desayuno, nos dispusimos a partir. He de hacer la aclaración que el viaje, siempre, es realizado en autobús, a donde quiera que vayamos.

La terminal de oriente es,... ¿cómo decirlo?, un hervidero de vendedores, lodo y contaminación sonora. Así pues, entre Los Yonics cantando "... a la guitarra tócale, tócale las cuerdas, a la mujer tócale, tócale las piernas...", la brincadera entre charquitos de color horchata bronceada al sol y vendedores multiplicados como bacterias en una herida infectada, abordamos la 119, que va desde San Salvador hasta la frontera El Poy.

Primer signo de que el paseo sería maravilloso, la ambrosía disfrazada de pupusas de frijol con queso compradas en la mismísima terminal. Algo que escapa a cualquier tipo de descripción. Simplemente celestiales.

El viaje es de aproximadamente 3 horas, desde San Salvador hasta San Ignacio, lugar en el que nos bajamos a eso de la 1:20 de la tarde y nos dispusimos a almorzar.

El autobús que pasa por Miramundo pasaba a las 4 de la tarde, ya que sólo suben 2 ó 3 al día. Esperamos el autobús con paciencia y en compañía de jugos y semitas.

El camino al lugar es como un tanto increíble, son 10.5 Km de subir, subir y... ah, sí: SUBIR. Llegando al desvío hacia Miramundo (exacto, exacto, aún no hemos llegado al lugar) se ve una calle de tierra, de ahí, son aproximadamente 2 Km hacia el lugar (ojo que van incluídos en los 10.5 mencionados anteriormente, ¿no es un alivio?)

A la llegada al lugar de hospedaje se encuentra uno con niños que venden flores y peras (unas peras con un leve deje de amargor que, sinceramente agrada). Graciosamente, nos encontramos con un niño con madera de don Juan que le regaló a mi esposa un ramito de Hortencias muy bonito.

El lugar es bonito, muy acogedor y con un clima inmejorable, sobre todo las noches y temprano por la mañana. La temperatura era de aproximadamente 13 ó 10 grados: mi sueño de clima perfecto.

La habitación tenía una vista un tanto limitada por los árboles cercanos,... pero no era nada que unos cuantos pasos no pudieran solucionar.














La tarde de nuestra llegada decidimos ir a dar una caminata pequeña (unos 3 ó 4 kilómetros, tal vez) y conocer el lugar y lo que, al parecer, es el cultivo de mayor demanda en el lugar: el repollo.

Los insectos en abundancia despertaban la curiosidad de un servidor (ni modo, con un padre biólogo, es lo menos que se puede tener) y nos salieron al encuentro.








Primero algunas orugas que despertaron nuestro ánimo por su belleza. Lo gracioso es que mientras más "fea" es la oruga, más hermosas son las mariposas que salen de ahí (¿será que mi oruga era demasiado bonita?, ja ja)


























Luego algunos insectos (no sé si los van a poder ver, pero entiendan, las fotos son de celular, lo siento)
Las noches y las mañanas se presentaban como emborronadas por toda la neblina, y el desayuno de tostadas y leche helada tenía un sabor a gloria suavecita.

Cuando salimos a dar la caminata diurna, nos topamos con un sol débil y benévolo (demasiado para el gusto de Eva, porque el frío no la abandonaba). El paisaje estaba lleno de verde, con tonalidades lechosas, cortesía de la neblina que parecía dispuesta a teñir cada uno de nuestros pasos de una hermosa veladura blanca.
















El momento se pintaba para retratarla (de hecho, cualquier momento es bueno para eso):

Y ella lo consideró propicio para retratarme (lo siento, hay que aguantar de todo, así que sopórtenme por un momento):


















Una cosa de hacer notar es la belleza de las casas que hay por ahí (obvio que son casas de campo de personas de buen tener, porque algo como esto:



















No es precisamente el tipo de casa que yo podría construir (entiéndase que el yo implica o abarca a todo aquel personaje que, más que sentirse, ES pobre con ganas. Pero en fin, son casas que merecían una foto.

La hora del almuerzo llegó y ambos coincidimos en que ha sido uno de los más ricos almuerzos que hemos compartido, sobre todo porque nos lo sirvieron en un comedor con vista, y fue el lugar en donde otro niño conquistador le regaló a mi esposa otra flor (si que tiene pegue, por algo me tiene como embrujado).

Bien, luego del almuerzo y sin mayores contemplaciones, nos dipusimos a la siguiente parte de la aventura: la mayor parte del camino de regreso a San Ignacio (¿recuerdan los 10.5 kilómetros?), comenzamos a caminar cuesta abajo, pretendiendo subirnos al autobús de bajada tan pronto nos alcanzara. Regresamos los dos kilómetros de carretera de tierra, llegamos a la pavimentada y vimos un árbol de flores desconocidas que albergaba un nido de colibríes que revoloteaban a su alrededor sin muchas preocupaciones, pero con mucha velocidad. Seguimos bajando,... y bajando,... y bajando y nos detuvimos en un mirador a tomar un poco de agua, yo comerme una pera y descansar un poco los pies que, a esas alturas, comenzaban a recordarnos que sería bueno conseguir un transporte.

En el camino nos topamos con algunas "cascaditas", que eran nacimientos de agua naturales, que estaban digamos encausados para que no erosionaran demasiado el terreno.

A medio camino comenzó una lluvia suave, pero un tanto caladora que nos hizo pensar un poco en pedir un aventón (a mi esposa, además le comenzaba un dolorcito en su dedo meñique del pie), pero seguimos bajando. Nos encontramos un par de gusanos y hongos interesantes, pero el teléfono se había descargado y no pude tomar más fotos.

En fin, después de aproximadamente 7 kilómetros (tal vez más, tal vez menos), escuchamos el motor del autobús que venía bajando y nos subimos (por un momento vi en los ojos de mi esposa todas y cada una de las letras que conforman el aleluya) y fue, de hecho fue una sabia decisión el subirnos, pues nos dimos cuenta que faltaban aún como 3 kilómetros para llegar a San Ignacio (nos habían dicho que la 119 de regreso a San Salvador pasaba a las 4 de la tarde y eran ya las 3:30 cuando llegamos al pueblo.

Huelga decir que nuestras piernas, inmediatamente después del viaje sentados, casi estaban gimiendo del dolor, pero he de decir que estábamos más que satisfechos de la aventura.

El camino de regreso fue tranquilo y delicioso, pues encontramos un niño que se subió a vender quezadillas de queso, a 2 por el dólar. Al principio tuvimos cierta desconfianza de que fuesen como las del centro: quezadillas con sabor a mofle. Pero todo lo contrario, resultó ser una quezadilla reparadora (mejor que el sueño) que nos dio un tanto de energías para soportar las 3 horas de trayecto de regreso.

Llegamos a San Salvador a eso de las 6:30 de la noche y logramos regresar a casita sin problemas.

Un viaje sin dudas maravilloso, con un paisaje inmejorable, un clima verdaderamente rico (si son friolentos se ponen un par de camisas extra y listo) y, lo mejor de todo, junto a Eva.

Si piensan en hacer un viaje de placer, piensen en Miramundo... por cierto, el lugar en donde nos quedamos se llama La Posada del Cielo.

Saludos a todos

PS: Niños, no coman de estos frutos:

Son amargos como el desengaño,... pero teníamos que saciar la curiosidad (claro está, no probamos más que una gota,... pero puaj!!)

PS 2: Ella, ella es el mejor viaje, el mejor paisaje, la mejor aventura que pudo haberme sucedido.


















PS 3: Alguien sabe el nombre de esta flor:

5 comentarios:

Anti-Raúl dijo...

Feliz vacación. :)
Como alegra uno ver gente que es extrañamente feliz...

Soy Salvadoreño dijo...

Pues el estreno de la viñeta estuvo excelente.
Y que bueno que se dan el tiempo para ser parejas ahora que tambien son padres. Pero, primero se fue pareja y eso no debe olvidarse. Creo que la aventura no solo fue buena a nivel fisico sino tambien emocional. Me llega el estilo de usd.
Saludos.

Alberto dijo...

@Anti_Raúl: Maestro, que bueno verlo de regreso por estos lados.

Gracias, en realidad es delicioso estar de vacaciones, y... pues sí, ella me hace extraña y tremendamente feliz.

@Soy Salvadoreño: Ella será mi novia, siempre (creo que después de 13 años de matrimonio, puedo darme el lujo de hablar de un poquito de eternidad). La aventura fue maravillosa para el nivel emocional, ya que con el trabajo encima todo el tiempo, a veces no podemos más que estar juntos algunas horas durante el día, eso fue maravilloso en todos los sentidos.

Gracias por lo del "estilo".

Saludos y gracias por comentar

David dijo...

Que ondas Alberto, jeje, al fin veo una foto tuya!!

Que bonito paseo, y se ve bien bonito el lugar, gracias por compartir tu experiencia!!

Saludos!!

Alberto dijo...

@David: Bueno tenerte por aquí de nuevo David. Pues sí, es cierto, ahora que lo medito, jamás había puesto una imagen mía en el blog.

El paseo es más que recomendable, deberías hacerlo con tu esposa :)

Saludos y gracias por comentar

PS: Esta es la segunda vez que contesto a tu comentario, la primera, por alguna razón, no salió escrito,... parece obra de magia.