domingo, 8 de julio de 2012

Las batallas de mi pueblo

Me bebo un té verde, leo el libro de Ayn Rand que estoy leyendo en estos momentos y de vez en cuando levanto la vista del libro para ver la gente que pasa.

Dos ancianos con acento italiano se sientan en la mesa detrás de la mía y comienzan a hablar en italiano... es decir, no entiendo mucho de lo que dicen.

Sigo leyendo y las páginas se van poco a poco, mientras los ancianos siguen platicando. Un anciano más se les une, este con acento salvadoreño, y se une a la conversación.

 - Y yo le decía a Luis que este país me gusta mucho - le dice uno de ellos.
 - Por qué te gusta? - pregunta extrañado el anciano salvadoreño.
 - Porque tienen muchas cosas buenas, y la gente es muy educada, mucho más que en la Italia. El único problema es que todos están cansados de luchar, cuando la lucha ni siquiera ha comenzado...

En ese momento cerré el libro, pagué mi té y me fui del lugar, con la desazón que da la certeza de haber estado en el lugar en donde una epifanía se llevó cabo.

2 comentarios:

Carlos Abrego dijo...

Estimado Alberto: tenía tiempos de no pasar por aquí.

Tal vez tengan razón los italianos, a veces lo que está allí, encimita, los que pasamos todos los días al lado, no lo vemos. Creo que sí, la gente parace ya muy cansada, en realidad lo está y como la lucha es permanente, por la vida, por la sobrevivencia, por esto, por lo otro y siempre la gran batalla queda todavía por iniciarse, esa batalla que quisieramos final, pero que nunca lo será. Entonces es cierto la lucha, esa lucha, ni siquiera ha comenzado. Pero al mismo tiempo ya lleva siglos y esto no se puede ver allí nomasito, en la superficie, en lo que está a la vista...

Bueno, un abrazo y hasta pronto.

Alberto dijo...

@Carlos Ábrego: Hola don Carlos, que bueno verlo por estas latitudes :)

Pues es que precisamente ese es el problema, hay demasiada decepción por tantos lados que parece que la lucha no tendría sentido. Me imagino que a eso se referían los italianos y precisamente es ahí en donde les doy, yo también la razón.

Un abrazo don Carlos, gracias por comentar.