viernes, 4 de septiembre de 2009

Cínico... humano

Ella le confesó que era su primera vez en ese tipo de trabajos.
Él le dijo que se sintiera tranquila.
Ella le dijo que le ayudara, que no sabía muy bien cómo hacer su trabajo "de la mejor manera"
Él le dijo que se relajara, que hiciera lo que más fácil considerara, lo que menos daño (emocional, pensó él) le causara.
Ella sonreía y temblaba y fue así como él se dio cuenta que ella, en realidad decía la verdad.
Por un breve instante, él se sintió más cínico que de costumbre.
Por un brevísimo instante, ella se sintió agradecida con él.
Y sus cuerpos se enredaron y él la miraba y trataba de tranquilizarla, pero no dejaba de moverse, al fin de cuentas, la compasión puede tener un poco de egoísmo.
Ella tenía los ojos levemente húmedos.
Él se dijo "pobre", la situación está jodida.
Ella le miraba con una vergüenza recatada, agradeciéndole por ser comprensivo, odiándolo sin miramientos, por ser su primer cliente, agradeciéndole al cielo que él fuese tan "buena gente"
Él salió del lugar, asegurándole a la dueña de aquel lugar que el servicio había sido maravilloso.
Ella se quedó un momento en la habitación, con un llantito silencioso, aliviado, pensando en que todos aquellos currículums debían surtir efecto,... pronto.
Él caminaba por la acera, observando con cuidado los rastros de lodo de la lluvia de la noche anterior, robándole los segundos al reloj, sientiéndose cínico, como cada vez, pero un poquito más humano

4 comentarios:

Litzardo Rivas dijo...

Buenisimo texto maestro, me gusta mucho esa mezcla de cinismo y de humanidad que poco se explota.

Saludos

Alberto dijo...

@Litzardo Rivas: Gracias mi amigo, a decir verdad es una historia que alguien me contó. Yo sólo le puse un tanto de perspectiva.

Saludos y gracias por comentar

Carlos Abrego dijo...

Querido Alberto:

La perspectiva y el transfondo son los que le dan sentido a las historias.

Alberto dijo...

@Carlos Abrego: Pues sí, tiene razón. Esta historia fue contado con un tono más "de chise" que otra cosa,... pero quise imaginar el lado más triste, tal vez por una fijación enfermiza.

Saludos y gracias por comentar don Carlos