martes, 7 de agosto de 2007

GRADOS DE COMPROMISO

Cuando un grupo de personas se toman algunas calles para hacer sentir su descontento, su solidaridad, su represión en la sociedad, etc., suelen haber una gran cantidad de reacciones al respecto, muestra de ello son la gran cantidad de posts y comentarios en otro blogs de nuestro pequeño país.

El problema que nos atañe debe analizarse desde dos puntos de vista diferentes: En primer lugar, el punto de vista de las personas que se toman las calles como una medida de presión o bien como una medida desesperada ante alguna injusticia cometida contra un grupo de personas que comparten algún tipo de afinidad ya sea económica, regional, social, cultural o una combinación de todas o de alguna de éstas; en segundo lugar están las personas que sufren un inconveniente gracias al cierre de alguna calle, a la toma de algún edificio, etc.

Hay que decir en primer lugar, que el grupo uno comparte un lazo muy importante: la solidaridad. Cierto es el hecho de que, muchas personas de las asistentes a una marcha, al cierre de una o varias calles, etc., no tienen ni el más mínimo interés en apoyar la causa por la cual se ha llevado a cabo el acto en cuestión, sino más bien, tienen toda la intención de llevar a cabo actos de vandalismo en contra de los bienes ajenos, mismos que, la mayoría de las veces, no tienen nada que ver en el asunto en cuestión. Sin embargo, la gran mayoría de las personas asistentes al evento, sí tienen mucho que ver con la razón por la cual éste se llevó a cabo. Las marchas, por ejemplo, suelen ser una medida de presión de relativa eficacia cuando se trata de hacer oír una opinión o poner de manifiesto alguna injusticia, acto ilegal, etc.

Por otro lado y hablando sobre el segundo grupo de personas, hay que decir que, al hacer un cierre de una calle, no sólo se da a conocer una opinión, también se está impidiendo, en muchas ocasiones, que las personas que tengan forzosamente que cruzar su camino con la manifestación, lleguen a sus trabajos, atiendan alguna emergencia de grandes magnitudes, etc.

En muchas ocasiones, los medios de comunicación se aprovechan de las necesidades de las personas pertenecientes al segundo grupo para provocar en, digamos un tercer grupo: el de los espectadores, una reacción negativa hacia las personas que se manifiestan, poniendo en realce los percances que la manifestación ha causado a las personas que “nada tienen que ver con el asunto”.

Es precisamente aquí, en donde entra lo de los GRADOS DE COMPROMISO. El compromiso tiene varios niveles, sobre todo atendiendo a dos grandes rubros, que podríamos clasificar como opuestos y complementarios a la vez, en lo que se refiere a lo SUBJETIVO: la solidaridad y el grupo hacia el cual va dirigido nuestro compromiso.

La solidaridad se define como la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros. La solidaridad es lo que mueve a un grupo de personas a protestar, por ejemplo, por la privatización del agua en Suchitoto, por la privatización del Instituto Salvadoreño del Seguro Social en la capital, etc. Si bien es cierto estas personas se solidarizan unas con otras, lo cierto es que la causa, la mayoría de las veces es una causa que les afecta a todo el grupo de personas por igual. Sin embargo, la privatización del agua en un municipio no afecta simple y sencillamente a un grupo de personas, sino que representa una amenaza latente para todo un país, tanto como lo representa la privatización de los servicios de salud que, si bien son por demás deficientes, son el único recurso con el cual muchas familias cuentan.

Lo que lo anterior implica, es que si bien la cantidad de personas que hacen sentir su descontento son relativamente pocas, el impacto de dichas protestas tendrá sin duda, una fuerte repercusión a niveles mayores que los simples niveles familiares de las persona implicadas directamente.

Es precisamente aquí en donde entra en juego el grupo de personas hacia las cuales va dirigido nuestro sentido de compromiso. Me explico: cuando a las 4:30 de la mañana, alguien se levanta con el propósito de ir a trabajar, es, casi siempre, porque lleva una gran cantidad de compromisos a sus espaldas. Dichos compromisos, tienen que ver, en la mayoría de las ocasiones, con una familia. Es por demás conocido que en el país, la importancia que el trabajador recibe en los lugares de trabajo es muy poca (salvo algunas excepciones, claro está). Dicho lo anterior, resulta fácil adivinar qué es lo que pasa cada vez que un trabajador llega tarde: el descuento no se hace esperar. Cuando una arteria principal es cerrada, se impide el paso de una gran cantidad de personas que se dirigen a su lugar de trabajo, a cumplir con la obligación de trabajar para mantener a la familia (grupo hacia el cual va dirigido nuestro mayor compromiso, para el ejemplo citado) Así pues, cuando se cierra, por ejemplo, la carretera hacia el aeropuerto (distancia considerable para las personas que trabajan en San Salvador, por ejemplo), se le impide al trabajador la posibilidad de trabajar ese día (siendo que en muchas ocasiones los cierres duran una mañana completa) o, por lo menos, de llegar a tiempo a su trabajo y poder así ganar la totalidad de un día trabajo, lo cual, en la gran mayoría de las ocasiones representa una cantidad de dinero bastante pobre. De esto se deduce que el trabajador en cuestión, no podrá cumplir con su labor y, por consiguiente, no podrá cumplir con el compromiso que tiene su grupo.

Ahora bien, de todo lo anterior también se desligan dos importantes temas de los que también hay que hablar. El primero de ellos es el hecho de que, las personas que se manifiestan de una u otra forma, no buscan, al menos no en la mayoría de las ocasiones, satisfacer una necesidad estrictamente personal, sino, en realidad, ayudar a un bienestar enormemente más grande, por lo que no puede tachárseles de egoístas u oportunistas (descartando de plano a las personas que se unen a las manifestaciones con la intención de saquear o simplemente de hacer daño)

El segundo de los temas es precisamente el hecho de que las calles son un bien público, tomando en cuenta que la definición de público es lo perteneciente o relativo a todo el pueblo y por consiguiente, son tan propiedad de las personas que se manifiestan, como de las personas que necesitan atravesar las calles para llegar a un destino específico, el cual es, en la mayoría de las ocasiones, el lugar de trabajo. Es decir, esta es una cuestión de urgencias, pues si bien es cierto es urgentísimo que NO privaticen el agua, es, para muchas personas, mucho más urgente el llevar el sustento diario a sus familias.

Finalmente, hay que decir que la decisión de apoyar o no una manifestación (ya sea esta una marcha, un cierre de calles u otro tipo de formas de hacer escuchar las voces de un grupo de personas) tendrá que ver, directa o indirectamente, con el grado de compromiso que hayamos decidido tomar frente al hecho por el cual las personas se manifiestan, siendo el caso que, por poner un ejemplo, no tienen el mismo grado de compromiso la persona que, bajo la lluvia brinda su firma para apoyar a las comunidades cercanas a la próxima represa; que la persona que, teniendo toda la buena intención de brindar esa firma, sale corriendo al sentir las primeras gotas de lluvia cayendo sobre su cabeza.

¿Cuál es nuestro grado de compromiso?, ¿hacia quienes está dirigido nuestro compromiso?, ¿nos interesa salir del problema inmediato o resolver el problema a largo plazo, pero que puede resultar todavía más perjudicial no sólo para mí, sino también para todas las personas hacia las cuales va dirigido mi compromiso?

Interrogantes todas, que sólo podemos responder (y de la manera que mejor se nos adecue) cada uno de nosotros.

5 comentarios:

JC dijo...

Nunca me habría imaginado que era posible escribir tanto (y de manera conceptuosa y equilibrada) sobre este tema. Excelente.

Alberto dijo...

Gracias JC, se agradece el comentario

Punto y aparte: Definitivamente, si me ponés a escoger entre Windows y Mac OS en definitva Mac OS. Yo, en definitva (y dada la pobreza, me quedo con Linux Ubuntu)

Saludos

JC dijo...

Por el momento está bien. Pero ahorrá (ya no chupés tanto) y comprate en unos años una Mac Mini ($600)

http://www.apple.com/macmini/

Carlos Abrego dijo...

Alberto:

Hay, es cierto, toda una escala de prioridades, colectivas e individuales. Las marchas reunen varias, colectivas e individuales. Supongamos que una marcha sea por la revalorización del salario mínimo, por la creación de empleos y la inversión en la producción industrial. Además de tocar directamente al que se levanta a las 4 a.m. (al que madruga) para ir a trabajar, toca también al que no duerme (que se desvela de angustia, por falta de trabajo), son muchos los concernidos, además de los que golpean el asfalto con sus carcañales, pero además hay otra persona concernida, una que Delacroix pintó sobre barricadas, con la bandera tricolor en una mano y otra con una espada, la Libertad. Libertad de trabajar, libertad de salarios dignos, libertad de poder dar un sustento a las familias, etc. Hay tantas libertades que andan agachadas en nuestro país. Por el momento resiste una: la de echarse a andar y reclamar, la de marchar y exigir, la de manifestar, gritar, cantar por una patria mejor. Esta que aún está viva, nos la quieren matar.

Y lo decís muy bien. Los benditos medios de comunicación de majes (masas) ponen énfasis en los inconvenientes que provocan y nos pintan a esta única libertad que aún colea, como un repollo podrido y malholiente. Ellos la pintan, no como Delacroix, con aquel seno al descubierto, tan altivo y bello, sino que con dientes podridos, arrugas y callos en las patas. Pero no, es bella esta nuestra última libertad de dar a conocer lo que pensamos.

De qué sirve la libertad de pensamiento, si la quieren resumir a un largo y triste monólogo de cada uno consigo mismo.

Alberto dijo...

Totalmente de acuerdo don Carlos, y a eso me refiero precisamente cuando hago la mención de los grados de compromiso, todo, SIN EXCEPCIÓN, deberíamos darnos cuenta (y los medios deberían permitir que nos diésemos cuenta) de que las manifestaciones de opinión no simplemente se dan de manera antojadiza o por el beneficio de unos pocos, tal como lo escribo algunos párrafos arriba, el hecho es que sólo un grupo de personas las que tratan de hacer oír su voz, pero son una enorme cantidad de personas, las que saldrían afectadas, en caso de que, por ejemplo el agua se privatizara.

Delacroix debe revolverse en su tumba cuando han tratado de mancillar y enmascarar a la bella dama que él sí pudo ver.

Saludos don Carlos y gracias por pasear por aquí