lunes, 9 de septiembre de 2013

El Juicio del reggaetonero

Entro a la sala del juzgado en un día cualquiera, he sido seleccionado para hacer de fiscal en el caso contra el reggaetonero. No, no falta nada en la frase, no se crea, hablo de esa entidad que pulula en general, no de un pululante en específico.

Así que me dirijo a la entrada del salón que servirá de lugar de justicia y ya la secretaria del juzgado me da un mal agüero, está con su teléfono "inteligente" (más que ella, al parecer), con todo el volumen del que el aparatito es capaz y cuando paso me mira con desafío y entona tres sílabas iguales a manera de himno en defensa del género musical: "trá, trá, trá", me dice con furia, mientras paso ya con cierta preocupación a ocupar mi lugar.

Se acercan con altivez el acusado y su defensor, que en realidad son defensores, pues es en realidad una enorme multitud que se abalanza y me mira con ojos criminales, mientras uno de ellos, tal vez su líder, me señala con el dedo y me dice "tu envidia nos alimenta", mientras golpean en la mesa el típico sonsonete del género: tún, tututu, tún, tún, tututu, tún, tún, tututu, tún.

Por fin, se acerca el juez, se ve serio, casi imparcial, lo que me despierta un dejo de esperanza. No dice mucho antes de comenzar, y me pregunta directamente: "¿por qué está usted en contra de una expresión del arte?"

La pregunta me toma un tanto por sorpresa, no había considerado algo como el género musical como arte, al menos no como parte de la definición que siempre tuve en mi cerebro.

- Vea su señoría, no es que esté en contra del arte en general,... pero que de esta parte, es que me da asquito.
- Eso es prejuicio su señoría!
- A lugar
- Vaya pués, le cambio el panorama entonces: es que me parece que resulta algo bastante denigrante, sobre todo para las mujeres, pues en casi todas las canciones de este género se les toma como objetos sexuales y no como personas integrales. Me parece que se las describe como receptáculos de semen que solo piensan, si es que piensan, en el sexo y en complacer al hombre en sus caprichos levemente sádicos.

El dedo del líder de la defensa queda suspendido en el aire, está indignado, hierve de furia, pero no está muy seguro de lo que va a decir, sin embargo el juez lo salva y me increpa con autoridad:

- Usted está siendo demasiado parcial, no veo qué pueda tener de malo esta música, es buena, es de muy buen ritmo.
- Pero,... sacrificar el ritmo por la cultura, no me parece un buen...

Me callo, todos me miran con los ojos colgando, los han abierto tanto que se les han salido de las órbitas: he mencionado al Voldemort de estos tiempos, la que no debe ser nombrada ha sido nombrada, por mí. Me sé perdido desde ese momento, nada puedo ya decir que revierta el ex abrupto de haber dicho lo que dije. Esta época, como todas, ha desarrollado sus tabús, sus venenos mortales, sus supersticiones en cosas tan olvidadas que se vuelven un mito.

Me siento, agacho mi cabeza, el juicio ha dado un giro y el acusado no tiene más preocupaciones, si es que alguna vez las tuvo. Ahora, el condenado soy yo y sé que no tengo perdón posible. He mencionado al peor enemigo de los tiempos modernos, a eso, cuya ausencia hace que los pueblos sean más fáciles de dominar: La Cultura (carajo, la he vuelto a mencionar)

Y con todo el peso de la ley, que viene a ser como de 16 libras por pie, pues me han puesto grilletes, me dirijo a mi celda con la seguridad de que no debo tener una boca tan grande la próxima vez, si es que hay una próxima vez, que lo dudo.

Me encierran en la celda y mientras los presos me miran con lascivia, comienzo a buscar a alguno que, por lo menos esté guapo. Uno se me acerca y me dice: "¿y a vós por qué te encerraron?". "Mencioné la palabra cultura", le digo y todos los presos se alejan de mí, me quedo como cucaracha en convención de cucofóbicos  y comienzo a pensar que hasta haber sido violado hubiese resultado mejor. Claro está luego lo pienso mejor y me conformo conmigo mismo. Estaré encerrado, solo, por una eternidad.

FIN

Aclaración necesaria: Esto es ficción, pues la palabra cucofóbico no existe y además porque un juicio de este tipo sería totalmente imposible para la justicia que es sorda (¿o era ciega?)

Aclaración necesaria 2: Ningún reggaetonero fue lastimado durante la creación de este post (es una lástima)

2 comentarios:

Edgar Rosas dijo...

Si fuera llevado a juicio que fuera por corromper Reggatoneros con música del lado oscuro: Rock ^^

Alberto dijo...

@Edgar Rosas: Yeah!! \m/