martes, 6 de noviembre de 2012

Cosas que no

Pocas hay, muy pocas cosas que puedo decir que detesto. De acuerdo, la humanidad es una de ellas... "Pero si sos parte de la humanidad"... exacto, exacto.

Pero no, no hablaré de mi endémica misantropía, sino de otras pocas cosas que suelen estar presentes en esa lista de cosas detestables que, lo deseemos o no, siempre tenemos presente.

Es este uno de esos post "lista". Pues sí, que caray, lo es, aunque como ya dije, son muy pocas las cosas que puedo decir que detesto.

1. Los cienpiés. Odio a esos miriápodos que crecen de manera obscena y se retuercen mientras caminan. Carajo como los detesto, sobre todo cuando se pavonean frente a mí con el orgullo que seguramente siente el ratón cuando hace que el elefante lo evite por temor.

2. Aborrezco las telenovelas (la televisión en términos generales, pero las telenovelas de forma muy especial) pues no son más que un azote que pretende ser entretenimiento cuando no son más que malas copias de sueños de algún desvelado pseudoromántico que no puede llevar a cabo su sueño de felicidad para siempre, porque es simplemente imposible.

3. Me molestan los noticieros, sobre todo cuando te das cuenta que ninguno, ninguno (entiéndase aquí "SIN EXCEPCIÓN") logran objetividad, pues todos tienen una agenda y un compromiso con los ideales (o ideologías) de los que firman los cheques de los periodistas.

4. Detesto a más no poder la ignorancia. Pero no la ignorancia común y corriente, pues de esa tal vez sea yo el mayor exponente, sino la ignorancia que se vanagloria, que se pavonea (como los cienpiés) orgullosa de ser ignorancia (entiéndase pués que hablo de las personas que ostentan este tipo de ignorancia) y dispuesta a defender, con uñas, dientes y falta de neuronas, el derecho que tienen todos de ser ignorantes y de sentirse cómodos con esto.

5. No puedo vivir con la idea de que la humanidad siga siendo la especie dominante, sobre todo porque pretendemos no darnos cuenta que otras muchas especies no tienen derecho de existir si no para proporcionarnos lo que necesitamos.

Y eso, tal vez sea poco, pero como verá con sustancia. Sobre todo si ve usted con esa sutileza técnica, con ese ojo de águila de lupa de Sherlock Holmes, que todo esto está presente, digo, omnipresente en nuestros días.

¿Le preocupa mi situación? Pues que sí, tiene usted razón, porque no hay remedio, pero tampoco lo hay para mis fobias. Ni modo.

Usted que me conoce, ¿creyó que iba a decir la religión? Pues que no, esa me resulta indiferente, excepto cuando se mete conmigo, pero eso, por fortuna no ocurre con tanta frecuencia.

Dulces sueños.

2 comentarios:

Luz Cåceres Paton. dijo...

Y loa cienpés son hasta peligrosos.

Alberto dijo...

@Luz Cáceres Paton: Exacto, y yo que además los veo como emisarios de una dimensión desconocida encargados de hacernos conocer nuestros más terribles temores :(.

Saludos y gracias por comentar