viernes, 12 de junio de 2009

El breve instante en que no estoy

Casualmente, he dejado de leer para concentrarme un poco en el paisaje bailarín que se mueve con rapidez frente a mí. Acabo de leer sobre la producción de Stukas alemanes durante la segunda guerra mundial, sobre las hazañas de la Luftwaffe y cierro el libro con un extraño sentimiento de alivio.

Un pequeño bólido se le atraviesa al microbús sin la menor compasión y el conductor del microbús pierde el control y por un instante, los segundos son mucho más largos, el tiempo no se está plegando, se está estirando.

El paisaje que hasta hace un segundo me parecía hermoso y nostálgico, ha dado paso a la proximidad del suelo, que cada vez está más y más amenazador.

Los gritos me sacan del estupor y me doy cuenta de que una masa humana se dirige hacia donde yo estoy: la maldita inercia no hace excepciones.

Mis manos se interponen entre la informe masa humana y yo mismo, pero uno contra siete... no es precisamente una batalla que pueda ganarse.

De la "nada", un objeto que, después de analizarlo a conciencia me doy cuenta que era una mochila, sale disparada hacia mi cabeza y se estrella con tremenda fuerza contra ésta... Es en ese momento, en ese preciso momento en que por una fracción de segundo, una leve fracción de segundo, me abandono, me digo que, que no puedo más, que no existo,... que no estoy. Es entonces cuando una serie increíble de pensamientos rompen en mi cabeza como las olas en el puerto: no voy a terminar el sistema que estoy haciendo, no tengo que trabajar nunca más (eso me alivia tremendamente), no más apretujones para subir a un microbús, no más preocupaciones porque la situación está cada vez más peligrosa, la selección de football ganó y perdió casi inmediatamente después (pensamiento adecuado para cuando se está al borde de la muerte, como podrán ver), no más jugos de zanahoria y apio, no más batidos de fresa y guineo en Mecafé (propaganda gratuita), no terminé de pagar la computadora, me quedaron tantos libros sin leer en mi librera... Eva, los niños... y entonces... NO!, no quiero "no estar", no aún, no... no...

Y bien, aquí estoy ahora: "estando", adolorido, magullado, pero "estando", con la sensación esquiva, obstinada, implacable de lo que no sucedió, pero ese espacio, ese breve espacio, no se me olvidará jamás.

Saludos a todos

8 comentarios:

Virginia dijo...

Espero que estés mejor.

JC dijo...

Voy a suponer que lo anterior no es ficción poética. Que sigas mejor.

Carlos Abrego dijo...

Me gustaría poder asistirte. Pero sólo puedo agregar los mismos deseos que mis predecesores, que estés mejor.

Alberto dijo...

@Virginia: En comparación con lo que pudo ser, estoy muuuuuuy bien. Gracias por los deseos.

@JC: Nop, no es ficción poética, son magulladuras puras y reales (desgraciadamente). Gracias por los deseos también.

@Carlos Ábrego: En definitiva los buenos deseos sirve de mucho, de verdad de mucho, así que, al igual que a sus predecesores, muchas gracias por los buenos deseos.

Saludos a todos y gracias, una vez más.

Anti-Raúl dijo...

Señor, está usted bien?? Qué le pasó?

Alberto dijo...

@Anti-Raúl: Pues sí, estoy bien, afortunadamente. Digamos que el transporte tuvo a bien mostrarme más de cerca el suelo, jeje.

Gracias por comentar y preguntar.

Saludos

Aniuxa dijo...

Uy qué bueno que estés!!

Alberto dijo...

@Aniuxa: Gracias, en realidad es bueno estar, aún con todos los magullones ;)

Saludos