domingo, 8 de marzo de 2009

Confesiones agradecidas

Como cuando era niño, extraño el sabor de lo que no he probado, aunque,... de acuerdo, es el sabor de lo que no volveré a probar. La inocencia es ese fruto que una vez se deja de probar se pierde. Como aquellos juguetes que siempre nos gustaban y terminaban por perderse en los rincones más obvios, pero que jamás eran los rincones en los que buscábamos.

El mayor pecado no es otro que la experiencia, esa que nos dice que todo los demás, todo lo que siempre nos pareció dulce, no es más que la cubierta de la más grande de las amarguras, como aquellas pastillas azules que mi mamá me daba, que despertaban mi afición visual, pero que siempre terminaban sabiendo a pérdida.

Aquel beso simple que me dio la niña más linda del kinder sigue siendo el enigma más grande. Aquel temor amargo que sabía tan dulce cuando lo recordaba, no deja de ser el beso más insípido de la historia de cualquiera.

Siempre quise decirte que las cicatrices de mis manos eran por jugar demasiado con esas piedritas de colores que se encuentran a veces en las orillas de los barrancos, pero lo cierto es que jamás viví cerca de uno. Las cicatrices son por andar demasiado por las veredas de lo que no debe conocerse... esta maldita costumbre de caminar sin rumbo.

Me gustan los adioses, mucho menos de lo que me gustan las naranjas, aunque un poco más de lo que me gustan las oficinas.

Y a la vera del camino, después del tiempo en que nuestros desencuentros se han hecho compañía, no puedo menos que agradecerte por toda la soledad compartida y asegurarte que todas las miserias por venir,... no puedo imaginarlas si no es a tu lado.

Gracias

4 comentarios:

fafa dijo...

Conmovedor.

"Me gustan los adioses, mucho menos de lo que me gustan las naranjas, aunque un poco más de lo que me gustan las oficinas".

Alberto dijo...

@fafa: Y muy cierto también, my friend.

Gracias por pasear por aquí

Zimbon dijo...

Es algo, triste, pero como bien dijiste, no deja de ser cierto...

Saludos!

Alberto dijo...

@Zimbon: Tristemente real, diría yo.

Bienvenido y gracias por comentar